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Fuerzas apoyadas por EE. UU., Arabia Saudí y mercenarios colombianos fueron derrotadas tras masiva ofensiva yemení

Fuerzas insurgentes yemeníes tras tomar el control de la costa del Mar Rojo y Bab al Mandeb
Captura: x/ig/_a_e_6_

Un vuelco militar de proporciones estratégicas acaba de consolidarse en el sur de la península arábiga. Mediante una ofensiva relámpago terrestre, naval y balística a lo largo de la costa occidental de Yemen, las fuerzas locales del movimiento Ansarolá (hutíes) aseguraron el dominio total del litoral del Mar Rojo, quebrando y expulsando a las milicias aliadas a la coalición que encabezan Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

La operación culminó con la captura de la estratégica isla de Perim (Mayyun) en el centro exacto del estrecho de Bab al Mandeb, sumada a la ocupación de la ciudad portuaria de Moca, el distrito de Hays y la totalidad de la provincia de Al Hudeida. La retirada desordenada de las brigadas aliadas a las petromonarquías —principalmente las Brigadas de los Gigantes y las Fuerzas de la Resistencia Nacional— dejó al descubierto cuantiosos arsenales de armamento pesado suministrados por Washington, pero sobre todo el desgaste irreversible de un aparato armado dependiente de la instrucción, el entrenamiento táctico y la participación directa de mercenarios y exmilitares colombianos contratados por las monarquías del Golfo.

Mientras en la capital, Saná, cientos de miles de ciudadanos llenaron la plaza Al Sabeen para celebrar el repliegue de los grupos proárabes, los mercados energéticos globales acusaron el impacto de inmediato: el petróleo Brent volvió a rozar los 100 dólares por barril ante el control efectivo que las milicias yemeníes asumen sobre el corredor marítimo por donde circula cerca del 12 % del crudo mundial hacia el Canal de Suez.

Caída de Moca: blindados estadounidenses y retirada en desbandada

El frente costero comenzó a desmoronarse tras la caída nocturna del distrito de Hays. A partir de allí, las unidades yemeníes avanzaron por el eje de Al Jauja, capturaron la posición elevada del monte Al Nar y ejecutaron un movimiento de pinza sobre Moca, enclave portuario vital situado a 70 kilómetros al norte de Bab al Mandeb dotado de pistas aéreas y cuarteles de coordinación militar de la coalición extranjera.

Registros en video verificados y reportes de inteligencia abierta (OSINT) confirmaron que el repliegue hacia la base de Dhubab se dio en condiciones de caos operativo. En el puerto y el aeródromo de Moca quedaron abandonadas hileras de vehículos blindados Oshkosh M-ATV resistentes a minas (fabricados en EE. UU.), camionetas acondicionadas con artillería pesada montada (technicals), obuses y bodegas repletas de proyectiles y fusiles que las milicias en fuga no alcanzaron a destruir ni inutilizar.

El avance se consolidó mar adentro: mediante ataques combinados de misiles balísticos disparados desde tierra firme e incursiones de lanchas rápidas, los combatientes yemeníes tomaron las islas de Zuqar, Hanish Mayor y Hanish Menor, en el archipiélago de Hanish, neutralizando cualquier maniobra naval enemiga y blindando el estrecho.

El laboratorio mercenario: de las arenas de Yemen a las atrocidades en Sudán

La caída de las milicias pro saudíes en el Mar Rojo expone el colapso de un engranaje bélico externalizado que lleva más de una década operando en la sombra. Según reveló un informe del Grupo de Trabajo de la ONU sobre Mercenarios, liderado por la relatora Michelle Small, alrededor de 10.000 colombianos han sido reclutados durante la última década para combatir en guerras extranjeras, empujados por pensiones precarias y captados en redes sociales como TikTok, Facebook y Telegram con ofertas que rondan entre los 2.000 y 3.000 dólares mensuales.

Yemen fue, precisamente, el territorio donde los Emiratos Árabes Unidos inauguraron esta industria a gran escala. Entre 2011 y 2015, contingentes enteros de soldados profesionales y mandos de fuerzas especiales del Ejército de Colombia viajaron a bases emiratíes bajo contratos de «seguridad privada en Dubái», gestionados por agencias como Mi Futuro Global —del coronel retirado Óscar García Bate— o A4SI, vinculada al coronel retirado Álvaro Quijano. Sin embargo, como confirmaron testimonios ante la Defensoría del Pueblo en Bogotá y notas diplomáticas desatendidas durante administraciones anteriores, estos hombres fueron enviados clandestinamente al frente yemení a custodiar instalaciones petroleras, entrenar a las milicias locales subordinadas a Abu Dabi y chocar contra las fuerzas del norte.

Esa misma estructura de intermediación privada dio el salto a África. Investigaciones de Human Rights Watch (HRW) revelaron que la firma emiratí Global Security Services Group (GSSG) —fundada y conectada directamente con funcionarios de la corte presidencial de Abu Dabi— utilizó la filial colombiana A4SI para desviar a más de 1.500 exmilitares a la guerra civil de Sudán. Informes de HRW documentan cómo contratistas colombianos operaron en el brutal asedio a El Fasher junto a las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), donde se cometieron ejecuciones sumarias, abusos a civiles e incluso se denunció el entrenamiento a niños soldados en campamentos cerca de Nyala. Aunque la presencia directa de mercenarios colombianos en la primera línea de Yemen se redujo con los años hacia roles residuales de instrucción especializada, la doctrina, las tácticas y las unidades que sostenían el litoral del Mar Rojo fueron moldeadas por esa red foránea.

El quiebre del estrecho y el fracaso de la guerra delegada

La consolidación yemení en Bab al Mandeb neutraliza además la principal vía de escape comercial de Riad. Con el tránsito paralizado en el estrecho de Ormuz por la escalada bélica regional, Arabia Saudita dependía del puerto de Yanbu, en el norte del Mar Rojo, para bombear sus exportaciones de crudo a Occidente. Al controlar la isla de Perim y los promontorios costeros, las fuerzas yemeníes sitúan esa ruta bajo el alcance directo de su artillería y sistemas de drones navales.

Ni las compras masivas de tecnología bélica estadounidense ni el millonario financiamiento de milicias entrenadas por ejércitos privados lograron torcer el curso de la confrontación en el terreno. La derrota de las fuerzas respaldadas por el eje saudí en la costa occidental demuestra que la tercerización de la violencia armada no bastó para despojar a Yemen del control de sus aguas soberanas.

Alejandro Pérez

Columnista

Periodista y analista enfocado en política nacional y geopolítica