Yo si te pude hacer un Monumento
La apuesta de un grupo de jóvenes de Cali por mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida durante el estallido social de 2021 dio paso a un proceso de creación y reflexión alrededor de los símbolos que hoy hacen parte del Monumento a la Resistencia en Cali.
Este proceso partió de una pregunta: ¿cómo recordar a quienes murieron en medio de las movilizaciones? La respuesta encontró un lugar en los escudos que hacen parte del monumento. Cada uno lleva rostros, nombres y referencias a personas cuya memoria permanece ligada a uno de los lugares más representativos del estallido social en Cali y que, cinco años después, continúa siendo escenario de debate.

Bawer Junto al artista Johan Samboni en una de las primeras jornadas de trabajo con los escudos
El proceso reunió a más de 40 artistas y fue liderado por Bawer Narváez, quien lo denominó en distintas ocasiones “Yo sí te pude hacer un monumento”. El nombre toma como referencia la canción Sobre una tumba humilde, de Cheo Feliciano, una composición que habla de la imposibilidad de ofrecer grandes homenajes a quienes ya no están. Una de sus frases resume parte del sentido que encontró Narváez en la canción: “La riqueza del pobre es el amor”.
Desde esa referencia, el proyecto plantea otra manera de construir memoria: desde los sectores populares, el arte y las comunidades que participaron en las movilizaciones. Los escudos se convirtieron en una forma de representar a quienes fueron asesinados durante aquel periodo y de mantener sus rostros presentes en el espacio público.
Así, el Monumento a la Resistencia dejó de ser únicamente una estructura levantada durante una coyuntura política y social para convertirse en un espacio en constante transformación. Sus intervenciones, sus pinturas y ahora la renovación de los escudos han modificado su apariencia en diferentes momentos, haciendo que el monumento permanezca como una expresión viva de las disputas por la memoria en Cali.

Escudos recién adecuados, luego de la inauguración en el monumento de la resistencia
Un monumento que sigue en disputa
La discusión está sobre la mesa: ¿debe un monumento nacido de una movilización ciudadana continuar transformándose desde las comunidades que lo construyeron, o este tipo de intervenciones deben pasar por procesos institucionales que regulen su construcción y establezcan los permisos correspondientes?
La respuesta no es sencilla. El Monumento a la Resistencia nació en medio del estallido social de 2021, pero con el paso del tiempo trascendió aquella coyuntura. Sus transformaciones han acompañado los cambios en la manera en que sus creadores y defensores entienden la memoria, mientras que sus detractores cuestionan su permanencia y la forma en que fue construido.
Como ocurre con otros símbolos surgidos en contextos de confrontación política y social, el monumento también ha generado rechazo. La discusión alrededor de su existencia involucra el uso del espacio público, la legitimidad de los símbolos, la memoria de las víctimas y la pregunta sobre quién tiene derecho a decidir qué recuerda una ciudad y cómo lo recuerda.

Velatón en memoria de las víctimas del estallido social
La discusión adquirió una dimensión política durante la campaña presidencial. Uno de los planteamientos del entonces candidato y hoy presidente electo, Abelardo de la Espriella, fue derribar el monumento una vez asumiera el poder, el 7 de agosto. Sin embargo, el Monumento a la Resistencia continúa en pie.
Su permanencia lo mantiene en el centro de una disputa que va más allá de la estructura física. Para quienes lo defienden, representa las luchas sociales y la memoria de quienes perdieron la vida durante el estallido. Para quienes lo cuestionan, es uno de los símbolos de un periodo de confrontación que debería ser transformado o retirado.
En medio de esas posiciones, el monumento permanece. Ha sido pintado, intervenido y transformado, pero también ha resistido los intentos de convertirlo en un objeto estático, es un monumento vivo y que logra transformarse. Sus escudos vuelven a ocupar un lugar en la estructura y con ellos regresan los rostros que la clase popular ha vuelto parte de la memoria de Cali.
Más que una discusión sobre una construcción de concreto, la disputa plantea una pregunta más amplia: ¿quién decide qué merece ser recordado en una ciudad?
En Cali, esa pregunta permanece plasmada sobre los escudos del Monumento a la Resistencia.

